El Consejo de la Juventud (CJE) fue una de las instituciones que más tardó en ver la luz desde el cambio democrático producido en España tras la Constitución de 1978. Hicieron falta seis ministros de Cultura y 12 directores generales de la Juventud para su creación. Más de siete años de negociaciones entre la Administración y las asociaciones juveniles para alcanzar un acuerdo y una Ley -¡por fin!- que vio la luz en noviembre de 1983. ¿Mereció la pena esperar tanto? Hoy, 25 años después de aquella fecha, nadie puede decir que no.
Por muchas razones. Las hay estadísticas: el CJE comenzó su andadura siendo la voz de 34 entidades juveniles; hoy, en 2008, sobrepasan las 80 -más del triple- las organizaciones de jóvenes que confían en este organismo para que su opinión llegue a las administraciones y, lo más importante, sea escuchada por la sociedad.
También hay hechos cualitativos que demuestran la importancia que ha llegado a tomar este foro de jóvenes, que es el CJE. Lo demuestra, por ejemplo, una anécdota -o no tanto- que saltó a los periódicos españoles en el mes de enero de 1994. La noticia decía así: “Un informe oficial del Cesid, calificado como «reservado», demuestra que este organismo vigila y controla al Consejo de la Juventud de España”. ¿Cómo? Pues sí. Lo denunciaba el entonces secretario general del PCA y diputado por Sevilla de IU-Convocatoria por Andalucía, Felipe Alcaraz. ¡El CJE, investigado por el CESID! Desde luego, en ese momento, con apenas 8 años, el CJE llegó a la mayoría de edad. El hecho no pasó de ahí -o por lo menos no ha vuelto a trascender- y el Consejo de la Juventud de España continuó su camino.
Así hasta este año, 2008, en el que el Consejo de la Juventud de España (CJE) cumple 25 años. Veinticinco años defendiendo la participación democrática y plural, como medio para ejercer la plena ciudadanía en la sociedad, defendiendo el compromiso social, la igualdad de oportunidades, el diálogo y el respeto a la diversidad.
El Consejo de la Juventud de España fue una de las primeras muestras, en el entorno de la sociedad civil, de la voluntad de cooperación y trabajo común de organizaciones con ideologías y objetivos muy diferentes. Su creación, en noviembre de 1983, supuso un derecho y, al mismo tiempo, un compromiso. El derecho de participar en el diseño político, en el desarrollo y en la transformación social, y el compromiso de trabajar por mejorar la calidad de vida de los y las jóvenes.
La esencia del CJE fue en sus inicios, ha sido a lo largo de su historia, y será de cara al futuro, la participación. La participación social como medio para intervenir en la vida social de la comunidad, como una herramienta al servicio de la ciudadanía, como un derecho fundamental reconocido por las constituciones democráticas, como una responsabilidad ciudadana que requiere compromiso, como una expresión de las libertades públicas, como una forma de legitimar la democracia...
La experiencia ha demostrado que el esfuerzo de todas aquellas personas que han trabajado por hacer del Consejo de la Juventud de España una plataforma participativa, representativa y plural ha compensado. Su labor crítica y reivindicativa ha hecho del CJE un interlocutor válido de los intereses y reivindicaciones de los y las jóvenes. El empleo, la salud y la calidad de vida, la paz, el medioambiente, la igualdad de oportunidades, la vivienda, la educación... han centrado la actividad del CJE durante estos años, en los que siempre ha prevalecido la defensa de los intereses de los y las jóvenes, como colectivo con problemas y soluciones específicas.
A través de sus actividades, cursos, seminarios, programas y campañas son miles de jóvenes los que, durante estos años, han podido compartir, debatir, aprehender y consolidar el conjunto de valores que constituye la base de la acción colectiva que representa el trabajo del Consejo de la Juventud de España. Como plataforma, no se entiende el trabajo del Consejo de la Juventud de España sin entender que, tras su estructura, sus planes de trabajo y sus diferentes equipos directivos, pervive y se desarrollo un sentido compartido del papel de la juventud en el desarrollo democrático del Estado, en su vertebración social, cultural, económica y política.
Estos 25 años de historia son muestra de que la participación es garantía de futuro y de regeneración política y social, y como tal supone un estímulo de los valores que pueden permitir avanzar hacia una sociedad más libre, tolerante, abierta y creativa.
DÉCADA DE LOS 80
Aquel primer Consejo de la Juventud de España tuvo como presidente a Enrique López Viguria y como vicepresidentes fueron designados Jordi William, de Consejo de Catalunya y Pilar Yagüe de la Unión de las Juventudes Comunistas. Como secretario fue elegido Luis Castro, de Nuevas Generaciones de Alianza Popular. Y aquella primera Comisión tuvo que sentir vértigo: tenía que ser la voz y los oídos de nada menos que 700.000 jóvenes de toda España.
Eran tiempos revueltos en la sociedad española. La juventud se enfrentaba a problemas nuevos: aparición del sida, expansión de las drogas duras sin apenas información de sus consecuencias, movimientos de objeción de conciencia... Y en política, una democracia todavía en pañales, en la que la voz de los más jóvenes era todavía una preocupación menor. Ahí, en ese ambiente, apareció el CJE. Y aportó aires e ideas nuevas en todos los campos.
Lo primero fue apostar por el asociacionismo. Tras la puesta en marcha del Consejo, ya en 1984, éste decidió dar prioridad a todos los temas relacionados con el asociacionismo. el índice de asociacionismo juvenil continuaba siendo en España muy bajo, las ofertas para implicar a la juventud eran escasas y poco atractivas. De esta manera, el Consejo organizó multitud de conferencias, seminarios y cursos de formación, entre los que destacan las primeras Jornadas sobre Asociacionismo Juvenil, celebradas en 1988 en Logroño.
El reto de aumentar el asociacionismo tenía que llegar en esta época también a los centros educativos, una tarea que poco a poco desde entonces, ha ido cobrando la importancia requerida en institutos y universidades. Como primera medida se elaboró la Guía de Participación Estudiantil, un texto que ha sido en numerosas ocasiones revisada y reeditada entre las organizaciones estudiantiles.
Los años 80 en España también fueron los de unas tasas de paro por encima del 20%. Ante esta situación, en 1988 aparece el primer documento que recogía las propuestas del CJE sobre empleo: Bases para una política de empleo juvenil. Este documento es desde entonces la referencia del organismo para abordar el empleo juvenil en España.
El CJE fue también pionero, ya en esta época, en combatir la desigualdad de género. Lo demostró a los dos años de su nacimiento, al elegir a una mujer, Estrella Rodríguez, como presidenta del Consejo. Y a finales de los años 80, el Consejo de la Juventud de España aprueba el documento Base para una política de mujer joven, que incluye numerosas propuestas en ámbitos como la educación, el aborto –se pide la supresión del delito-, planificación familiar, publicidad...
Pero también en la época en que nació el CJE estaba surgiendo un movimiento nuevo que pretendía romper en lo cultural y festivo con las rémoras del régimen anterior. Era la movida madrileña y el Consejo de la Juventud supo llenarse de ese aire revolucionario para comenzar su andadura.
DÉCADA DE LOS 90
El CJE entró en 1990 siendo apenas un recién nacido, pero salió de esta década con la mayoría de edad. Con la travesía del desierto ya realizada, los 90 significaron la expansión y el reconocimiento oficial al principal foro juvenil en España. En un país que también se subió en esos años al tren de la modernidad, y como consecuencia, también al del crecimiento, a veces incontrolado. Los jóvenes tenían en esta época mayores oportunidades de empleo aunque los contratos temporales se extendieron en esta época. A esta situación sin duda contribuyó la irrupción en 1995 de las empresas de trabajo temporal, un vivero de jóvenes que saltaban de contrato en contrato temporal.
Ante esta situación, el primer documento de Bases para una política de empleo juvenil del CJE ya recogía la necesidad de suprimir las medidas innecesarias de contratación temporal y prolongar la contratación indefinida. Además, el Consejo pidió en este momento a las administraciones la conveniencia de aplicar de manera explícita medidas de discriminación positiva en el empleo para mujeres.
El Comité Permanente que ejerció entre 1995 y 1997 elabora entonces un informe sobre juventud y vivienda bajo el título de “¿Dónde están las llaves?”. Las dificultades de acceso a una vivienda digna comenzaban a aparecer ya como unos de los principales problemas de la juventud de mediados de los 90. El CJE comenzó entonces a crear herramientas para trasladar a la sociedad y las administraciones esta preocupación, como el estudio sobre juventud y vivienda “¿Dónde están las llaves?, donde se ofrecía a las asociaciones las claves para elaborar propuestas concretas en materia de vivienda. Mejorar la calidad de vida de los jóvenes era el principal objetivo que se marcó entonces el CJE.
En los últimos de esta década, en 1998, el CJE consiguió dar un paso de gigante en el reconocimiento externo de su labor. Por primera vez en su historia, consiguió que los presupuestos del Consejo se incluyeran en los Presupuestos Generales del Estado. Tras 15 de funcionamiento, el Estado reconocía oficialmente de una manera práctica al órgano de representación del movimiento juvenil en España.
DÉCADA ACTUAL
Ocho años lleva ya el CJE en el siglo XXI, lo que ha significado subirse a los nuevos tiempos en terrenos tan importantes como la tecnología: una renovada página web disponible para cualquiera que tenga acceso a Internet. La creación y utilización de los últimos avances tecnológicos y de nuevos soportes para la transmisión de sus ideas, ha sido más que un fin un medio para acercarse al 'hábitat natural' de los jóvenes de hoy en día. Internet se ha convertido en un vehículo transmisor de las ideas y actos del Consejo de la Juventud de España, y como tal, soporte fundamental de sus últimas iniciativas.
La tecnología ha hecho despegar las acciones de participación llevadas a cabo por el CJE en estos últimos 8 años. puede ser el motor que , el CJE ha entrado en el nuevo siglo con el reto de aumentar el asociacionismo en nuestro país. Por ejemplo, con la campaña Es hora de tomar parte, donde se publicaron más de 30 vídeos en una página web de vídeos. Y lo último ha sido la creación del personaje virtual CJ –Cejota- como motivo fundamental para anunciar y celebrar el 25 aniversario del CJE en 2008.
Mientras, la radiografía de la juventud española en esta década siglo muestra también signos de alarma. Según datos de 2000, unos dos millones de jóvenes entre 15 y 29 años, de los algo más de nueve millones que viven en España, pertenecen a asociaciones juveniles y deportivas, lo que supone sólo un 25%, mientras que la media europea del asociacionismo juvenil se fija en el 50%.
Así lo demostraba el Informe Juventud 2000, del Instituto de la Juventud –Injuve-, en el que también se revelaba que 3 de cada 10 jóvenes españoles tenía actitudes racistas. Un hecho que estos últimos años ha estado denunciando el Consejo de la Juventud de España exigiendo a los diversos Gobiernos medidas urgentes y un cambio de actitud en materia de inmigración. Según el CJE, en la actualidad son unas 800.000 personas las que se encuentran en España en situación ilegal, algo que ha provocado -y continuará haciéndolo- la creación de empleos en la economía sumergida, la permanencia irregular e incluso el tráfico ilegal de seres humanos.
Pero sin duda, la mayor preocupación de los jóvenes en estos últimos años ha sido la dificultad para emanciparse debido al precio de las viviendas. Por este motivo, el CJE puso en marcha en 2003 el Observatorio Joven de Vivienda, el Objovi. Desde entonces se ha convertido en una herramienta de referencia para la sociedad y para las administraciones que quieran saber de verdad la realidad de la juventud que quiere acceder a una vivienda en nuestro país y el precio máximo tolerable para que el joven pueda emanciparse.
Todas estas iniciativas han conseguido que las administraciones hayan comenzado en esta década a tomarse en serio e incluso a contar progresivamente con las asociaciones y el CJE para pedir opinión sobre la dificultad de emancipación de los jóvenes.